¿Me voy con el 1, el 2 o el 3?

LA PARODIA DE UN CANDIDATO AL CONGRESO: 

Por Elmer Antonio Torrejón Pizarro

En algún lugar imaginario del Perú y ad portas de escasos meses para un proceso electoral se produce la siguiente conversación y escenificación. Una historia que se repite a lo largo de nuestro país para la elección de los candidatos al Congreso. La parodia se narra de la siguiente manera:

“Son las 6 de la mañana del 25 de diciembre, ya pasó la noche buena, pero el señor Róbulo Candidatus Conchán está impaciente, espera una llamada importante a manera de regalo por navidad. Son las 9 de la mañana, y no llaman; nervioso don Róbulo realiza una llamada a su contacto Felipillo:

Róbulo: Que pasó Felipín, todavía no me llama, estoy preocupado porque ya lo adelante una plata.

Felipillo: No te preocupes paisano, el muchachón ya sabe y tiene tu “cariño”, lo que pasa es que ha ido a pasar las fiestas en la playa, y por eso no te llama, estará ocupado.

Róbulo: ¿Y tú sabes con qué número voy para el Congreso?

Felipillo: Depende pues cuanto plata lo hayas dado; si han quedado en una fuerte suma, y lo ganas a los demás que esperan en la fila, vas con el 1; pero sino ya pues, es tu culpa. Pero de todas maneras vas, eso depende de ti.

Róbulo: Yo quiero encabezar la lista, por algo lo he dado 50 mil soles, y tú estabas ahí y has visto que lo entregué.

Felipillo: Si, pero por ahí me comentó que un empresario de buses está metiendo plata como cancha, y por ahí te ganan “puesta en mano” el número 1.

Róbulo: No creo, si es así conseguiré entre mis contactos más billete, al fin y al cabo, estos mis contactos se “pudren” en plata, no sé de dónde sacan, pero cuando llegue arriba ya veré como les pago.

Felipillo: Claro compadrito en estas cosas tienes que “invertir”; mira tú nomás a los congresistas y autoridades que tenemos, no saben ni hablar o solo insultan, pero vez ¡ganaron! Invirtieron a cambio de votos para que la gente tenga polos, arroz, latas de atún, gorras, calendarios; sus fiestas con los sensuales y corazones, incluida chupa gratis; para eso queremos la plata.

Róbulo: Pero yo tengo un plancito de gobierno, unas propuestas; quizás eso me pueda ayudar y así me cobre menos el Cholazo.

Felipillo: ¡Nooooo compadre!, eso no interesa acá. Para que te esfuerzas en eso. El Cholazo quiere plata para su campaña y los gastos acá en la región. Acá compramos los votos a la gente, por eso ya te digo, te van a ganar los otros; es mejor que “inviertas” más.

Róbulo: Les voy a decir a las “puntas” que me den el billete.

Felipillo: Muy bien, te voy a ir dando contactos de empresas que hacen polos, gorras; baratitos nomás. Además hay una orquesta que cobra poco, ya después se arreglan cuando llegues. Ahí tengo amigos que te dan las “chelas” a precio de fábrica. Ahhhhh, también algunos periodistas de unas radios que me están poniendo sus precios para la campaña, tu sabes paisano; acá todo vale, esto es un negociazo.

Róbulo: Ya me ofrecieron 5 camionetas para la campaña, solamente que no hay para la gasolina.

Felipillo: No te preocupes, por ahí unos alcaldes me están ofreciendo unas obras, ya hablé con ellos para que por ahí, por lo bajo, le carguemos presupuesto a la Municipalidad por la gasolina. Eso ya está arreglado compadrito. ¡Estas acá hablando con el más más!

Róbulo: Cuando llegue, ¿en qué cargo quieres que te ponga Felipillo?

Felipillo: Jajaja, te acuerdas de los pobres no, eso vale. Ya eso hablamos después, porque también estoy haciendo contacto a otros candidatos de otros partidos. Ósea que si no sale contigo, sale por otro lado, y yo ya te jalo. ¡De acá no salimos perdiendo paisano!

Róbulo: Hablamos entonces.

 

Es 28 de diciembre, día de los inocentes, y don Róbulo bien enchompado, viaja a la ciudad calurosa a encontrarse con Felipillo y el Cholazo. Agarra su camioneta y deja la “fidelísima” con una lluvia torrencial. Antes de llegar al cruce hacia la ciudad de las orquídeas, le sorprende un huayco: “Carajo, hoy estoy de malas”, vocifera, agarra su smartphone y llama a su amigo el alcalde: “Oe compadre, estoy botado acá en un huayco y hoy tengo reunión urgente con el Cholazo para la lista, envía una máquina para limpiar la carretera pues, ya luego vemos cómo arreglamos”.

 

Después de dos horas, don Róbulo sale del imprevisto natural, gracias a la oportuna llegada y posterior limpieza que realizó una máquina con el escudo de una municipalidad, coloridamente pintada. Sonriendo, se despide del humilde trabajador de la maquina: “Me saludas al alcalde paisano”. Son las 5 de la tarde, llega a la ciudad calurosa y llama a Felipillo, quien alzando la voz le contesta: “Compadre, estás haciendo esperar mucho al Cholazo, apura te esperamos acá en el restaurante campestre”.

 

Don Róbulo muy nervioso cuadra su camioneta y se dispone ingresar al restaurante. En la puerta le espera Felipillo quien le saluda fuertemente y le dice: “Sácate esa chompa, ¡bruto! no tienes calor”. Ingresa don Róbulo pero previamente recibe de Felipillo un vaso de cerveza helada, quien sin pensarlo lo ingiere. En el interior, junto a una choza, al lado de una piscina, se encuentra el Cholazo rodeado de una veintena de personas, quienes miran fijamente el hablar pausado y vociferante que realiza. Todos le quedan contemplando.

 

Róbulo: Felipillo, pásame la botella de cerveza, quiero tomar para botar los nervios.

Felipillo: Tómeste, pero no camines como cojudo, recuerda que eres una persona importante de nuestra tierra.

 

Róbulo por fin logra mirarle la cara al Cholazo, le saluda con un fuerte apretón de manos y abrazo efusivo, pero se sorprende al ver rostros conocidos entre las personas. Había autoridades, empresarios, jueces, ingenieras, militares, docentes, hasta un periodista; uno de sus compadres,  puesto un sombrero grande estaba sentado allí, se habían visto un día anterior pero no le comunicó nada. Acompañan a este sequito, dos sonrientes hermosas jovencitas con una vestimenta que no se sabe si representan al restaurante campestre o alguna universidad que pululan por estos lares, y que se encargan a manera de anfitrionas, servir la comida y las cervezas. El Cholazo se para y todos hacen lo mismo, dirige sus pasos a don Róbulo:

 

Cholazo: Pasa Róbulo, eres bienvenido a esta reunión, me da un gustazo verte nuevamente.

Róbulo: Gracias señor presidente, el gusto es mío.

Cholazo: Todavía no soy presidente, pero pronto lo seré gracias al “cariño de ustedes”.

Róbulo: Disculpe la demora, hubo un huayco en la carretera y no podía pasar.

Cholazo: No te preocupes, ya supe del tema, cuando llegue al gobierno voy a desaparecer los huaycos. (Risas)

 

Todos los presentes entrecruzan las miradas, saludan a don Róbulo recelosamente; su compadre a las justas le da la mano. Don Róbulo se sienta entre una conocida autoridad regional y Felipillo, y se disponen todos a escuchar al Cholazo:

 

Cholazo: Amigos, los he convocado acá para comunicarles que ya hemos decidido nuestra lista parlamentaria y que estamos seguros que será la ganadora. Con el número 1 la doctorcita,  la recomendada de nuestro empresario de buses; con el 2 va el ex congresista don Pancracio y con el 3 va este que fue candidato regional…mmm…¡No me acuerdo su nombre, disculpen!

 

Don Róbulo intempestivamente se levanta y vocifera: “Señor, pero como es esto, ¿es una burla?; usted me garantizó que yo iba a ser el número 1, o en todo caso el 2; pero me sorprende que no me considere en su lista. A usted le di en sus propias manos 50 mil soles para la campaña”.

 

Cholazo: Cálmate hombre; tu sabes como es este negocio. Estas personas y sus “padrinos” invirtieron más dinero, se han comprometido con más plata para nuestra causa y es por eso que apuesto por ellos.

Róbulo: Pero yo soy conocido acá en mi tierra, tengo varias profesiones,  he tenido altos cargos, tengo algunas propuestas; la gente me saluda en todas partes: ¡buenos días señor, buenas tardes ingeniero,  buenas noches patroncito!, tengo varias influencias. A esta doctorcita que va con el número 1 nadie la conoce.

Cholazo: Róbulo, acá no sirve lo que eres, importa el billete. Para ponerla encabezando la lista me han tenido que dar más plata, un aproximado de 300 mil soles; Felipillo te dijo como era esta jugada, pero tú nunca te pronunciaste. Así jugamos y negociamos acá, y tus propuestas jajaja, ¡tus propuestas no sirven para campaña, acá lo que sirve es la plata!

Róbulo: Entonces ahora como hacemos, ¿y el dinero que lo adelanté?

Cholazo: No te preocupes, tu dinero nos va a servir y cuando llegue a ser Presidente te sabré recompensar. Escoges el mejor cargo para tu tierra. ¿De acuerdo Róbulo, contamos con tu apoyo?

Róbulo: Bueno, así ya pues que sea. Le voy a seguir apoyando con tal que más adelante me dé alguito o un carguito.

Felipillo: ¡Bien jugado paisano! (Risas)…”

 

Todos aplauden y abrazan a don Róbulo, su compadre, el de sombrero grande, cual judas le da un beso en la cara. La reunión se prolongó hasta altas horas de la noche, entre arengas y gritos vitoreaban el nombre del Cholazo y de los candidatos al Congreso. Don Róbulo se quedó “sin soga ni cabra” y entre copas reflexionaba: ¿Llegaré a tener un alto cargo en mi tierra?, ¿No me habrán hecho el cojudo?, ¿Ahora seré más importante?, ¿Me caerá alguito para comprarme nuevos terrenos, casas y carros?

 

Entre fiesta a ritmo de cumbia, sonidos de vasos de cerveza, y carcajadas se estaba “proyectando” el desarrollo de esta imaginaria región pobre, abandonada y excluida. Esta es nuestra política, esta es la triste realidad a nivel regional, basada en candidaturas con dinero en mano. El que más plata “invierte”, gana la puja; gana el ansiado cupo del 1, 2 y 3 para el Congreso. ¡Así de lamentable estamos, bienvenidos a la política peruana!

 

ADVERTENCIA: Toda esta parodia y sus actores son imaginarios, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.